Estudio para la arquitectura

"LA FORMA UTILIZADA"

por Caterina De La Portilla

Estaba mi interlocutor sentado y apoyaba su espalda en la mismísima esquina de la habitación. Parecía que las paredes se tensasen con su peso y las invisibles líneas de tracción convergiesen en aquello que me contaba, la breve historia de su mundo:

 

"[… ] y llegó un momento en el que las formas que habitábamos no nos satisfacían más. El mundo que habíamos construido con empeño y confianza nos dejó de parecer emocionante. Al principio muchos no quisimos reconocerlo y agotamos el ingenio recuperando y adaptando las formas clásicas o escribiendo ensayos sobre la importancia de un pasado que se nos escurría entre los dedos; por muchos argumentos que utilizáramos, la fe se fue disolviendo y el gremio entero dejó de creer en las formas de este mundo viejo, demente y aburrido.

El desprestigio del pasado nos ayudó a abrirnos con reafirmación al futuro. Estas formas obsoletas no encajaban con nuestras nuevas aspiraciones y nos parecía que oxidaban el oficio. Estas formas viejas…  ¡viejas y culpables! Y con renovado aliento empezamos a construir un nuevo mundo con formas nuevas e inocentes. Generamos incontables formas sin encontrar palabras para muchas de ellas. Nos enfrascamos en la tarea con devoción y poco a poco el mundo se fue llenando de estas otras formas que acabamos llamando "modernas". En una nube de excitación recuperamos el sentido de nuestro oficio y durante bastante tiempo creímos que habíamos logrado cristalizar el espíritu ideal de nuestro tiempo.

Y llegó una nueva decepción, un nuevo aburrimiento, un nuevo malestar. Francamente, desde entonces la construcción de nuestro mundo no ha cambiado demasiado. Seguimos desengañándonos y levantando nuevos ídolos. Ahora que soy joven y más consciente, quiero decir, ahora que me recuerdo la inocencia del porvenir, empiezo a sospechar que las formas creadas desde la historia más vieja están lejos de ser la causa de nuestro malestar o bienestar. Al contrario, tengo la sospecha de que son más bien una consecuencia de nuestro "estar" simplemente. Nuestro interior cristalizado. Las formas soberbias son nuestra soberbia cristalizada, las formas humildes son nuestra humildad cristalizada. Las formas de nuestro mundo son el espejo en el cual nos reflejamos, la mayoría de veces involuntariamente. Con probabilidad no querremos reconocer aquellas cosas que no nos gustan de nosotros y culparemos sin discriminación a la forma externa, muda e indefensa, diciendo que es la forma la que no nos gusta. Y volveremos a tapar forma con forma sin saber que seguimos siendo nosotros, que sigue siendo nuestra soberbia o nuestra humildad. Tanto tiempo confundiendo causa con efecto, ahora no dejan de sorprenderme estos pensamientos. Confío en que un día dejemos de utilizar así la arquitectura. No sólo porque recuperemos nuestra facultad de aceptarnos como somos, sino por liberar la construcción de nuestros miedos enquistados. Querido amigo, me alegro mucho de estar compartiendo mi experiencia contigo. Aquí sentado, apoyando mi espalda sobre esta esquina con alma. Quien sabe si libre o no".

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