Estudio para la arquitectura

"EL JAGUAR DE ALEXANDER"

por Caterina De La Portilla

Es preciso echar un vistazo al conjunto de imágenes antes de continuar leyendo. El tiempo necesario para observar cada foto de una pasada, sin detenimientos. Un vistazo rápido y global que permita generar una escueta opinión. Sólo hasta obtener la impresión automática del acto contemplativo. Esto es, un vistazo.

Estarás de acuerdo conmigo en que las fotografías parecen mostrar edificios correctos, jardines agraciados, estancias acogedoras, carpinterías simpáticas y baldosas lisonjeras. Si pensaras en tu propio hogar, seguramente te sentirías identificado con la esencia que desprende una, algunas o quizá todas las imágenes. Una esencia doméstica, hogareña, personal. Es posible que haya algún color atrevido que no utilizarías ni en broma para pintar el interior de tu casa pero, salvo pequeñas subidas de tono, estarás de acuerdo conmigo en que el conjunto de fotografías es un repertorio de arquitecturas afables y ambientes discretos y, ni mucho menos, un muestrario de las referencias que marcaron con mayor trascendencia los acontecimientos arquitectónicos desarrollados desde finales del siglo XX hasta la actualidad.

‘Look at your favorite bar: a place which comes to life at night, where some special life exists, seedy, raucous. The bar. The night club. A fish-pond there. A garden seat. Shaking hands. A night at the ballet.’ (Alexander, 2002, p.36).

Frank Lloyd Wright, Adolf Loos, Robert Venturi… Vuelve a echar un vistazo a las imágenes. ¿Reconoces a alguno de estos venerados arquitectos en los detalles fotografiados? Seguramente, pero no te dejes llevar por mis atrevimientos. Es difícil encontrar un manifiesto claro y evidente de alguna de estas referencias y si se considera todo el conjunto, las comparativas pueden resultar forzadas.

La cuestión es mucho más sibilina: las teorías que sostienen estas fotografías parten primero de una intuición personal, buscan la confirmación a través de la milenaria tradición arquitectónica y se apoyan en los avances científicos contemporáneos para poder ser desgranadas con objetividad. Si los ejemplos son las consecuencias de este proceso lógico y equilibrado, es posible explicar cómo Wright, Loos o Venturi, personas con una sensibilidad y un sentido común por lo menos también desarrollado, aparecen como un recuerdo proustiano y nunca de forma explícita y constante. Aparecen casi por casualidad. Ahora, vuelve a pensar en tu propia casa, ¿no te parece menos forzado?

‘The fake arches of Frank Lloyd Wright’s Marin County Civic Center in California are purely decorative: they have little to do with the profound sense of order we feel in something that is structurally real.’ (Alexander, 2002, p.12).

Es aventurado otorgar la autoría de las obras fotografiadas únicamente a Christopher Alexander, pero sí puede ser considerado como la génesis de todas ellas. Durante más de cuatro décadas, Chris, como solía pedir que le llamasen, procuró transmitir el poso que en él dejaban sus continuas investigaciones no sólo a los estudiantes de arquitectura: una comunidad mucho más extensa encontró en sus ideas las herramientas para entender, diseñar y construir los diferentes mundos que tenían entre manos, desde una mesa de té hasta un programa informático.

De hecho, aquellas disciplinas consideradas científicas, aquellas que aspiran a ser precisas o que funcionan al menos con elementos precisos, fueron las que más abiertamente acogieron las ideas de Chris. Es curioso porque dieron la vuelta a la situación a la que se pretendía hacer frente. Si la arquitectura continuaba en el limbo artístico del capricho, el pattern language se concibió como un catálogo que procuraba precisar ciertos parámetros del diseño. Inversamente, las disciplinas científicas encontraron la posibilidad de concebir un diseño a partir de su propia naturaleza, es decir, a partir de los elementos precisos. Chris concretó combinatoriamente los elementos del diseño arquitectónico; las ciencias informáticas combinaron las concreciones para generar software.

Sin ir tan lejos, la urbanística también se interesó en el modelo de patterns. No es de extrañar que la complejidad y el compromiso que entraña su práctica requiera de un mecanismo no dirigido por intuiciones, sensaciones y arrebatos. Pudo ser que a partir de la aplicación de los patterns en el diseño urbanístico, Will Wright encontrara la inspiración y las herramientas para concebir ciudades virtuales en constante evolución (SimCity, creado en 1989) o que Steven Johnson escribiera elocuentemente sobre el mito de la hormiga reina (Johnson, 2001). Con el paso del tiempo, la idea de que la ciudad no es un árbol sino un semi-lattice que no renuncia a su complejidad por pretender ser explicada con modelos mecanicistas ha ido calando positivamente en las prácticas del diseño urbano actual.

Biología, psicología, computación, urbanística… la esencia de las teorías que Alexander ha defendido desde la década de los sesenta ha logrado encajar en la complejidad de múltiples disciplinas con mayor o menor acierto, pero siempre desde un punto de vista holístico. En dicha complejidad, la interpretación del método cartesiano se revisa y se pone especial énfasis en que no es más que eso, un método, derivado de las limitaciones del cerebro humano para controlar simultáneamente múltiples variables, como por ejemplo, una ciudad.

Tras esta comprimida disertación sobre las diversas direcciones en las que el pattern language ha procurado traducir la complejidad de los sistemas, volvamos a la recopilación fotográfica del principio y al campo de la arquitectura. Un segundo vistazo bastará para comprobar que, al contrario de lo que podría esperarse, la puesta en práctica del pattern language no produce una arquitectura novedosa o innovadora. ¿Cómo algo que se identifica más con un humilde hogar que con la arquitectura de los grandes maestros podría ser calificado como moderno? ¿Por qué los resultados de emplear el pattern language resultaron tan innovadores en otros campos tecnológicos y tan aparentemente arcaicos en la arquitectura? 

Es más, algo más inquietante se desprende de este silogismo. Después de trabajar intensamente en el pattern language durante cuarenta años, después de compartir y contrastar ese conocimiento con otros muchos colaboradores, después de acabar desarrollando algo así como una filosofía de vida, más allá de los patterns, ¿acaso era intención de Chris producir una arquitectura moderna, post-moderna o neomoderna?

O, por el contrario, ¿no será que tras esta descomunal investigación resulta amargo admitir el fracaso de su puesta en práctica?

‘And, as you will see, this way will lead anyone who looks for it to buildings which are themselves as ancient in their form, as the trees and hills, and as our faces are.’ (Alexander, 1979).

No te precipites. Antes de responder sería conveniente revisar lo que comúnmente consideramos moderno y qué extraña relación guarda con aquello que nos resulta visualmente anormal.

Para llevar a cabo esta revisión, los acontecimientos que se produjeron a principios del siglo XX y que plantearon a toda costa un nuevo paradigma arquitectónico necesitan recobrar su sentido como lo que realmente son, acontecimientos, novedosos y fácilmente reconocibles, pero que tan solo representan ‘la espuma sobre las olas del mar de la historia’ (Braudel, 1949 citado en Burke, 1993). Si recuperamos el valor de la arquitectura por la naturalidad de su devenir y no por su acelerada innovación (Benjamin, 1942), entonces teoría y praxis encuentran la coherencia que Chris procuró desvelar con el pattern language. Esto sugiere que de haber producido una arquitectura extraña, sorprendente y poco familiar, sólo se estaría hablando del último grito arquitectónico; otro grito más.

Y contra eso, Chris ya se posicionó hace medio siglo.

‘And there is, too, the enormous difficulty of practical process, of the certainty that this can be done, in practice, on a large scale. I have shown in hundred of cases throughout this book that these things can be done right, that our society does have the capacity to create living structure, that it can be done, that unfolding, like nature, can be maintained in human society as a natural process.’ (Alexander, 2005, p.683).

Te pido que vuelvas a pensar, por última vez, en tu propio hogar, en el significado que tiene este lugar para ti. La labor de diseñar las casas de las personas, los espacios que las rodean, los jardines y las plazas, las calles, las avenidas y los paseos, no está condicionada por el –ism del momento.

Las modas son hábiles confusiones que especulan con el significado que tiene la arquitectura para las personas. Un significado profundo y espeso, que evoluciona lentamente como todo lo que nos rodea, desde la piel de nuestras manos hasta el parachoques de un Jaguar.

BIBLIOGRAFÍA:

— Alexander, C; Angel, S; Fiksdahl-King, I; Ishikawa, S; Jacobson, M; Silverstein, M. (1977). A pattern language: Towns, Buildings, Construction. Berkeley, California: The Center for Environmental Structure.

— Alexander, C. (1979). The timeless way of building. Berkeley, California: The Center for Environmental Structure.

— Alexander, C. (2002). The Nature of Order: The Phenomenon of Life. (tomo I). Berkeley, California: The Center for Environmental Structure.

— Alexander, C. (2005). The Nature of Order: A vision of a Living World. (tomo III). Berkeley, California: The Center for Environmental Structure.

— ACM SIGSOFT. (1994, Enero). Christopher Alexander: an introduction for object-oriented designers. Software Engineering Notes. 19 (1), 39-46.

— Benjamin, W. (1942). Tesis: Sobre el concepto de historia. (inédito)

— Braudel, F. (1949). La Méditerranée et le monde méditerranéen à l’époque de Philippe II. Paris: Armand Colin.

— Burke, P. (1993). Formas de hacer Historia. Madrid: Alianza Editorial.

— Huici, F. (1976). Arquitectura como lenguaje. El País.

— Johnson, S. (2001). Emergence. New York: Scribner.

— Pajares, S. (2003). ¿Qué fue del hipertexto?. Consultado el 16 de enero de 2014 en http://jamillan.com/celtos.htm

— Ramírez, J. A. (2005). Cómo escribir sobre Arte y Arquitectura. Barcelona: Ediciones Serbal.

— Salíngaros, N. A. (1995, Diciembre). El hombre y la máquina. Physics Essays, 8 (4), 638-643.

— Salíngaros, N. A. (2001). La estructura de los lenguajes de patrones. Consultado el 9 de enero de 2014 en http://www.arqchile.cl/publicacion_estructura_lenguaje.htm

 

Especial agradecimiento a Javier Mena Marqués y Óscar Naranjo Barrera por su vocación y entrega en el arte de enseñar.

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